dimecres, 5 de novembre de 2008

El trotamundos que había visto todos los misterios y todas las maravillas del mundo


"El viajero permaneció callado y la miró durante mucho tiempo de soslayo. Ella dejó que la mirase o no se dio cuenta, pues mantenía los ojos bajados. Él admiró la línea extraordiariamente noble de su frente, de su nariz y de sus labios. Sólo entonces descubrió la rara belleza de sus rasgos.
(...)
Dejaron el pequeño vehículo y la muchacha cogió delicadamente con las puntas de los dedos la mano del invitado, que era mucho más alto que ella, y así caminaron en silencio uno al lado del otro hacia las salas interiores, al encuentro de continentes vírgenes y océanos del alba."


(Conte dins El espejo en el espejo; Michael Ende)