dissabte, 4 d’abril de 2009

La fi de la pintora?


"Se vio reflejado en el cristal de una de las ventanas. No hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza, se dijo, por eso los dioses condenaron a Sísifo a empujar la roca hasta la cima de la montaña desde donde volvía a caer eternamente; sabían que era la mayor penitencia posible para un ser humano. Una existencia sin sentido, sin ilusión por el mañana, yerma y estéril como un desierto...como la suya. Se le antojó una reflexión pavorosa y en ese instante tomó la decisión: no pintaría más, nunca más. No sabía el tiempo que le quedaba de vida, pero fuera cual fuese, no volvería a hacerlo jamás. El gran pintor Hyeronimus Bosch había muerto.
Se rió a carcajadas y empujó la mesita donde descansaban los pinceles, que cayeron al suelo y rodaron esparciéndose por todo el taller, yendo a parar algunos bajo los muebles. Lanzó una nueva risotada que acabó en una especie de aullido y comenzó a vaciar los cuencos de pigmentos machacados a diestro y siniestro sobre el pavimento del taller, la mesa y las tablas. Las partículas volátiles de polvo de distintos colores caían sobre su cuerpo posándose en la cara, el pelo y la ropa. Derribó varios caballetes y finalmente se desmoronó quedando tendido boca arriba, sucio y extenuado, jadeando sin apenas aire que respirar."

(El alquimista holandés; Isabel Abenia)