divendres, 29 d’agost de 2008

Y ella lo conoció a él y a sí misma, porque aun habiéndose conocido siempre, jamás se había podido reconocer así


"La obstinación amorosa de Viola se encontraba con la de Cosimo, y a veces chocaba con ella. Cosimo huía de dilaciones, blanduras, perversidades refinadas; nada que no fuese el amor natural le agradaba. Las virtudes republicanas estaban en el aire: se preparaban épocas severas y licenciosas al tiempo. Cosimo, amante insaciable, era un estoico, un asceta, un puritano. Siempre en busca de la felicidad amorosa, seguía siendo enemigo de la voluptuosidad. Llegaba hasta a desconfiar del beso, de la caricia, del halago verbal, de todo lo que ofuscase o pretendiese sustituir la salud de la naturaleza. Era Viola quien le había descubierto su plenitud, y con ella nunca conoció la tristeza después del amor, predicada por los teólogos; más aún, escribió una carta filosófica sobre este tema a Rousseau, quien, quizá turbado, no respondió."

(El barón rampante; Italo Calvino)