diumenge, 14 de setembre de 2008

El don




"Pero a pesar de las lágrimas y de las miradas perplejas de sus padres, en lo más profundo de su ser Edward no se sentía devastado por la pérdida de su don. Éste se había ido tan misteriosamente como llegó. Lo echaba de menos, pero nunca había parecido enteramente suyo, siempre lo había sentido como un huésped, un custodio temporal, nada más. No estaba amargado. Sólo deseaba que a su don le fuera lo mejor posible dondequiera que lo hubiesen llevado sus alas invisibles.
No obstante, había momentos en que volvía los ojos con nostalgia hacia sus años de niño prodigio. En los años que siguieron a esa época, Edward se encontró una y otra vez tratando de recuperar la sensación de maestría carente de esfuerzo y tranquila serenidad que había conocido en el tablero de ajedrez, la sensación de ser alguien especial destinado a cosas mejores. La buscó en su trabajo escolar, en los deportes, en el sexo, en los libros e incluso, mucho tiempo después, en su trabajo en Esslin & Hart.
Nunca la encontro."


(El códice secreto, Lev Grossman)
(Imatge: pintura de Joan Miró)