dissabte, 8 de setembre de 2007

Perdóname, no puedo hablar más alto


"Me llamo Hor.
¿Pero quién es: yo-Hor? ¿Soy sólo uno? ¿O soy dos y tengo las experiencias de aquel segundo? ¿Soy muchos? ¿Y todos los demás que son yo viven allí, fuera de aquel extremo y último muro? ¿Y todos ellos no saben nada de sus experiencias, nada de sus recuerdos, porquè éstos no pueden quedarse afuera con ellos? Ah, pero con Hor sí se quedan, viven con su vida, le acometen sin compasión. Se funden con él. Tira de ellos como de una cola que se arrastra interminable por las salas y habitaciones y sigue creciendo y creciendo.
¿O acaso os llega también algo de mí a los que estáis ahí fuera, a uno o a muchos, que sois uno conmigo como las abejas con la reina? ¿Me sentís, miembros de mi cuerpo disperso? ¿Oís mis palabras inaudibles, ahora o sin tiempo? ¿Acaso me buscas tú, mi otro? ¿A Hor que eres tú mismo? ¿A tu recuerdo que está conigo? ¿Nos aproximamos a través de espacios infinitos como estrellas, paso a paso e imagen por imagen?
¿Y nos encontraremos una vez, algún día o sin tiempo?
¿Y qué seremos entonces? ¿O no seremos ya? ¿Nos anularemos mutuamente como el sí y el no?".


(Conte dins El Espejo en el espejo, Michael Ende)
(Imatge: Coloso, escultura de l'amfiteatre de Pompeia; fotografia de Marta Ferrer)